Prólogo.

Escribo estas líneas porque no quiero perder la oportunidad de compartir la mas maravillosa de las historias que he tenido la ocasión de vivir. Digo la mas maravillosa por la extraordinaria naturaleza de los acontecimientos, pero sin duda también la más triste por las circunstancias que de ella derivan. A pesar de haber llevado una vida no exenta de aventuras y desventuras de lo mas variopinto, ninguna es equiparable en ninguna medida a mi ajetreado viaje al mundo de los sueños.
Poco o nada conocía yo de los extraordinarios parajes e insólitos habitantes de éste reino de lo onírico, con la excepción de pequeñas escaramuzas en noches de febril delirio o bajo los influjos de algún estupefaciente. Tampoco mi imaginación, tal vez mermada y agonizante por los influjos de la alienante rutina y la basura televisiva, nunca hubiera alcanzado a transportarme al encanto y la belleza de este insólito lugar.
Podrán pensar que exagero, que todos quien mas, quien menos, para bien o para mal, hemos soñado en alguna ocasión. Tal vez alguien conserva aún un recuerdo de la niñez, cuando la imaginación aún es una manera de ver las cosas y no una herramienta para huir de ellas. Es posible que algunos visitasen este reino de los sueños entonces, como es posible que aun mantengan su recuerdo como una de las mas extraordinarias experiencias de toda su vida. Aunque en la mayoría de los casos el peso de la razón, el juicio y la madurez suponen más carga de la que un recuerdo de la niñez es capaz de soportar.
También es interesante recalcar que no se trata de un sueño propiamente dicho, pues los sueños pueden ser en sí experiencias realmente gratificantes, como intensamente aterradoras; pueden provocar en nosotros auténticos vómitos de nostalgia, sumirnos en profundas depresiones, enamorarnos o ayudarnos a vivir mas a gusto con nosotros mismos. Tienen poder para arruinarnos el día, así como para ayudarnos a afrontarlo de manera optimista y despreocupada. Es decir, los sueños son una parte imprescindible de nuestras vidas, que nos ayudan a compensar carencias físicas, psicológicas o afectivas. Pero la imaginación y los sueños no dejan de tener una relación estrecha de perfecta simbiosis. Por tanto a medida que nos hacemos adultos y nuestra imaginación se ve mermada por la rutina, la responsabilidad, la televisión y la falta de juego y lectura, nuestros sueños quedan limitados a su función terapéutica, pero pierden la fuente de recursos que la imaginación les brindaba.
Así por tanto, aunque una persona adulta quiera viajar al mundo de los sueños muy pocas veces va a poder cruzar la puerta que le mantiene en el mundo de la razón. Digo muy pocas porque existen excepciones, casos aislados con circunstancias muy peculiares, que no han salido a la luz publica, tal vez por temor a no ser creídos o quizá porque la experiencia les ha provocado la necesidad de guardarlo en secreto; tal vez, el hecho de compartirlo hubiera robado parte del encanto de la experiencia en sí.
En cualquier caso, ahora no voy a detenerme en las circunstancias que rodearon a mi viaje. El por qué o el cómo ahora son detalles que carecen de relevancia, pues mi interés se centra en compartir los detalles de mi estancia en aquel lugar que jamás conseguiría borrar de mi cabeza. No tengo un recuerdo nítido del viaje en sí, recuerdo que me desperté sobresaltado, profundamente desorientado. No sabía que había ocurrido ni como me hallaba allí, pero lo que tenía muy claro es que nunca antes había visto un lugar como aquel.

4 comentarios:

niobe dijo...

me mola, melmoth, y sí, te puedo asegurar que tienes grandes aptitudes para escribir, y si no lo haces vas a privar al mundo de poder sumergirse, con tus historias, en mundos en los que pueda volar su imaginación

Shuler dijo...

Te deseo k te vaya bien el blog. Escribes bien, a ver si acabas algun dia tu cuento.

Ancara dijo...

He descubierto tu blog viajando por este mundo de locos... y me ha encantado, gracias por dejarme leerte.

MARIPOSAS Y GIRASOLES dijo...

Comienzo el recorrido.
Buen punto de partida. Me gusta el prólogo y tienes pasta para la narrativa.
Vuelvo,
Promesa!